Frases bonitas
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El primer encuentro duró doce horas. Fue una noche diminuta...
Rol escribía las anotaciones con tinta roja, que era uno de los colores preferidos de María.
Las redactaba dibujando palabra por palabra, frase a frase. Sin pausa, y sin prisa.
Cuando la conocí, me di cuenta de su pureza, de su niña interior, de su ángel, de su ternura disimulada. Pude sentir cómo era acariciar su alma y saber de su verdadera belleza. Eso es lo que me enamoró.
Un día, en la otra dimensión, María dijo, sonriéndome: - aunque no lleguemos a nada, siempre voy a querer hablar con vos, sos increíble.
Poseo un universo, no tengo nada. Sé que no puedo conocer lo desconocido, una vida, un amor, una sabiduría, si me aferro solamente a lo que conozco.
También sé que para seguir vivo, ciertamente vivo, debo soltarme al abismo.
Tener coraje. Decisión, claridad. Porque para poder volar, hay que tener el espacio. Y de pronto, en pleno descenso, comienzo a elevarme, puedo llegar a mi destino y encontrarme en lo alto de mi paz.
Para atravesar la puerta que nos libera, debemos estar solos. Callados, ya que, de lo contrario, nos aturdimos y no vemos la salida.
Me di cuenta de que las palabras que me auxilian son las que fueron dichas en otra conversación y, en el silencio, esas palabras son expresadas sin emitir sonido, ensordecen dentro mío en el instante preciso, indispensables.
La fuente de vida se halla en el Amor -el único poder-. Es mejor aceptarlo que esperarlo. Tendré –seguramente- menos desencantos.




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